Movimientos fetales: Un pequeño acróbata dentro de ti

Movimientos fetales: Un pequeño acróbata dentro de ti

Da vueltas, patadas, mueve sus ojos, juega con el cordón umbilical… El feto no deja de moverse dentro del vientre materno, una prueba de que goza de buena salud. Observando el tipo de movimientos es posible saber qué está haciendo.

Los movimientos fetales confirman que existe una vida que se está gestando en el interior del vientre materno. El momento de notarlos por primera vez es especial para la mujer que, a medida que vaya avanzando el embarazo, tendrá nuevas sensaciones cuando su hijo se mueva.

Al principio, hacia las siete semanas, el embrión comienza a realizar movimientos espontáneos que aún no percibe su madre. Pronto tendrá a su disposición una serie de mecanismos, conocidos como reflejos, que se pondrán en marcha ante determinadas condiciones. De hecho, los reflejos son respuestas involuntarias a un estímulo que generan un movimiento. Estos mismos reflejos son los que se miden al recién nacido.

Primeras sensaciones

En las mamas primerizas, esas primeras sensaciones de cosquilleo, aleteo de mariposa o movimientos de pez, que pronto se traducirán en pataditas, se manifiestan aproximadamente en la semana 24.

En las que ya han tenido más hijos aparecen más precozmente, hacia la semana 22, aunque existen mujeres que se percatan incluso antes de estos movimientos; todo depende de la capa de grasa, la musculatura abdominal y la sensibilidad que tenga la mujer. Una que sea muy delgada percibe los débiles movimientos de su hijo muy pronto, mientras que una mujer obesa puede no sentir estos movimientos hasta que sean más intensos y vigorosos.

Las embarazadas describen estas clásicas pataditas de mil modos diferentes; de hecho, resulta difícil explicar a una madre primeriza lo que va a sentir una palpitación, un aleteo de mariposas, una sacudida, un ruido en el estómago. La intensidad de estos movimientos será mayor conforme vaya avanzando la gestación.

El feto se mueve gracias al sistema vestibular, encargado de regular el equilibrio, ubicado a la altura del oído interno, que se pone en marcha a las pocas semanas de la concepción. La maduración de este sistema se produce a partir del quinto mes de embarazo. Es entonces cuando el feto, que ha aumentado su tamaño considerablemente, es capaz de realizar movimientos más vigorosos que su madre podrá, por fin, percibir e identificar sin ninguna duda.