Monólogo de una mujer embarazada

Monólogo de una mujer embarazada

Hoy estaba un poco aburrida y… navegando sin rumbo por la red, me topé con este monólogo que bien vale la pena leer hasta el final. A ver qué os parece:

Madre de familia numerosa:

Por mucho que la tan mentada “igualdad” haya llegado, somos nosotras las que seguimos quedándonos embarazadas, seguimos pariendo y sobre las que recae todo el peso de la casa…

-Cari, tengo mal cuerpo.
-Te habrá sentado mal la comida.
-Te digo que tengo mal cuerpo, cuando tengo ciertos síntomas…
-Vamos, ¡que estás preñada otra vez!.
-¿Y ya está? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?
-¡Pues que otro más!
Con la angustia propia de pensar en traer un tercer hijo al mundo y según están las cosas, el dichoso predictor volvió a convertirse en el protagonista de mi vida.

-Sale negativo.
-Ya lo sabía yo, si es que es psicológico.
-Claro, y los dos niños que viven en casa, más el que no llegó a nacer, son fruto de mi psicología….¡Te digo que estoy embarazada!
-Relájate y verás como “el tío de París” viene a visitarte pronto.
Pero debía ser que el avión venía con demasiada demora, o que mi psicología pesaba mucho porque una semana después mi malestar era el mismo o peor, así que opté por comprar otro de esos dichosos aparatitos que tanto detesto. Pese a la pasta que valen y a que la propia farmaceútica consideraba un despilfarro, fruto de mi obsesión psicológica, hice oídos sordos y volví a casa dispuesta a confirmar lo que yo sabía.

-¿Qué? ¿Ya viene la niña?
-Eso, tú tomátelo a cachondeo, no me pongas más nerviosa que estoy esperando.
Minutos más tarde….

-Mira mi psicología…¡estoy embarazada!
-Lo que yo decía, ¡otro más!
-No, perdona, tú decías que era psicológico.
Pero como una ya ha pasado varias veces por lo mismo, sabe lo que la espera…naúseas, vómitos ¡y ver como te cambia hasta la forma de las pestañas!
Así que algo bueno hay que sacar del asunto…

-Cari, quiero helado de coco….
-¿En Diciembre? ¿No será más apetecible un poquito de turrón de los muchos que hay en el armario?
-Puaggg….¡qué asco! Quiero un coquito de esos que traen el helado dentro de la cáscara…anda, porfi…
Y lo a gusto que se queda una cuando el dichoso antojo es complacido, es una de esas cosas que no tienen precio.

Los meses pasan demasiado despacio, ¿es que cuando estamos embarazadas traen más de 31 días?, la ropa parece que encoje y acudimos más al tocólogo que al super de la esquina.
-La semana que viene tengo la prueba de la glucosa y no pienso ir sola, sabes lo mal que lo paso.
-Eres una exagerada, yo lo probé la vez anterior y hasta rico me supo.
-Bueno, pues yo te digo que pidas uno de esos días que tienes libres y me acompañes.

Llegado el mentado día, la sala de espera a rebosar, y otras futuras mamás haciendo ascos, mi propio cuerpo comienza a revelarse…
-No puedo, está muy malo.
-Eso es psicológico, venga! de un trago!
-Ya estamos con la psicología….
-Sabe a fanta.
-¡Pero es que, a mí, la fanta me pone mal cuerpo!

Cada vez más pesada y más ansiosa por llegar al día del parto, que más parece el día del Juicio Final, no paras de escuchar como los demás comentan cuánto has engordado y hasta te preguntan si te puedes mover. Sientes ganas de contestarles que sólo te cuesta un poco bailar el “hula-hop”….
Y al fin el tocólogo se despide, es como uno de esos vecinos pesados que vienen a visitarte y pasas el tiempo mirando el reloj para ver cuándo narices se van a su casa, sólo que en este caso las visitas las haces tú. Te remite al hospital donde has trabajado durante años y mientras, piensas… ¡que Dios nos pille confesados! y encima te indica que es mejor hacerte una cesárea.

-Vaya, al menos me voy a ahorrar los dolores…previos, claro, porque después de la cesárea vienen los siguientes.
Y es que una ya ha vivido ambas experiencias…

-¿Te piensas levantar? Nos han citado a las ocho y tenemos que irnos.
-Cari, son las seis de la mañana, relájate un poquito, anda, ven a la camita.
-¿A la camita? En unas horas me rajan la barriga …¿y quieres que esté tan tranquila como tú?
Y después llega la odisea del viaje al hospital que parece que se lo hayan llevado a más de 2 horas de camino…¿antes estaba tan lejos?
Luego, el reconocimiento, y digo yo… si me van a abrir en canal ¿por qué insisten en meter la mano donde no deben? Pero es que de algún sitio ha de haber salido el nombre de tocólogo, porque tocar ¡vaya si tocan!

Y como cesárea que es, el padre no puede entrar…ni siquiera ese consuelo nos queda, claro que en esos momentos no tienes muchas ganas de que te recuerden tu psicología y te digan que estés tranquila….

Horas más tarde sientes que todo ha valido la pena, que el precioso bebé al que estás arrullando merece todo el dolor y el sufrimiento del mundo, y sonríes mientras piensas que la persona a la que has estado fastidiando durante esos nueve meses es la más maravillosa del mundo, el padre de tu hijo.

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